miércoles

salario

La sal desempeñó un papel muy importante en la economía de las sociedades de la Antigüedad clásica, no sólo por su valor de uso (condimento, fabricación de tintes y jabones y, sobre todo, como conservante de carnes y pescados), sino también como medida de valor y como medio de cambio, al punto de que en algunas sociedades se usó como referencia para la paga de los soldados (en aquellos tiempos, cuando no existía la gran industria actual, era la única remuneración que se pagaba de manera uniforme a un gran número de personas).

En la Roma de los césares, del latín sal ‘sal’ se derivó el adjetivo salarius, que significaba ‘de la sal, perteneciente a la sal’, y de éste se formó el sustantivo salarium ‘ración de sal’, ‘salario’, con el cual se designaba el sueldo de los soldados.

La raíz del vocablo latino sal está en el indoeuropeo sal-, con idéntico significado, de donde también proceden palabras como salsa, salami, salino, salitre.


Estos textos ha sido extraídos del libro: La fascinante historia de las palabras.



La palabra "español" es un término emigrante; nació en el exilio


El director de la Real Academia Española, Víctor García de la Concha, pronunció ayer la conferencia con la que quedó inaugurado el nuevo salón de actos de la Fundación Sierra-Pambley. «La lengua española, imperio del pueblo» fue su título, un recorrido intenso por la historia del idioma castellano desde sus inicios hasta el Siglo de Oro, y cuajado de algunas de sus más bellas y significativas creaciones literarias. Asturiano de Villaviciosa que en León pasó temporadas, buen conocedor de la Fundación (donde siguió el magisterio de Antonio González de Lama), García de la Concha desplegó, ante un auditorio repleto de público, su tesis de cómo el castellano no se impuso por la fuerza, sino que, a modo de lengua común, útil, fue creando un imperio ante todo cultural y lingüístico.

Ya en el comienzo de su intervención hizo hincapié en el carácter del primitivo castellano como una especie de «lingua franca» que usaban para entenderse gentes bilingües en romance y en euskera. Pero la piedra clave sobre la que construyó su disertación fueron los versos de Gonzalo de Berceo: «Quiero fer una prosa en román paladino/ en cual suele el pueblo fablar con so vezino». Esa es, a juicio de García de la Concha, la clave del castellano; el hablar llano, el hablar como lo hace el pueblo. De ahí pasó al Cid, un héroe que, a diferencia de los caballeros de otras culturas y gestas, no es arrogante, sino «mesurado», y ante todo, «de talla humana». «Llora y sufre», recordó el lingüista. Un «infanzón de frontera», cuyo hablar no entendían los leoneses, pero que se muestra siempre como hombre. Fue en este punto cuando el director recordó que la palabra «español» es en realidad una palabra «emigrante», hecha «en el exilio», pues así fueron llamados algunos de los visigodos que escaparon de España cuando la invasión musulmana y se instalaron en el Sur de Francia, donde empezaron a ser conocidos como «españoles». La palabra penetró luego en la península por Cataluña, donde ha quedado registrada en los documentos de sus monasterios, como el de Poblet.

También hizo notar la necesidad que hubo entonces de contar con una lengua común, y cómo el castellano -uno de los dialectos románicos- se impuso en esa pugna tomando elementos de todos las demás. Una lengua, «esencialmente mestiza, aunque todas lo sean», calificó.

El recorrido le llevó posteriormente a la Celestina, Garcilaso de la Vega, Fray Luis de León y Teresa de Jesús, quien «revolucionó» las letras españolas y europeas al pretender «desvelar lo que siente el alma», como dejó dicho. Y San Juan de la Cruz, el gran creador del espacio simbólico, y, cómo no, Cervantes. Y en todos ellos, el hálito, el alma del pueblo.

E. Gancedo, Diario de León

palacio


Rómulo y Remo, los míticos fundadores de Roma, instalaron la Ciudad Eterna sobre la margen izquierda del Tíber, en una planicie ondulada conocida como campagna romana,
en la cual se destacan siete colinas: Capitolio, Quirinal, Viminal, Esquilino, Celio, Aventino y Palatino. Fue alrededor de esta última colina que Rómulo trazó con el arado los límites de la ciudad (urbe*), cumpliendo así un antiguo rito etrusco.

Sobre el Palatino se hallaba la cabaña de Rómulo, y fue allí donde siglos más tarde se construyeron los palacios de Tiberio, de Julio César y de Nerón, que así se llamaron debido al nombre de la colina.

A partir de la palabra latina palatium, se adoptó el nombre 'palatinos' para designar a los miembros de la corte romana, de donde proviene también el sustantivo hispánico paladín, a través del italiano paladino, para referirse a los funcionarios del palacio del emperador.

A partir de palatium, se formó en alemán la palabra Pfalz para nombrar los palacios y, más tarde, a los condes palatinos, que los emperadores ponían al frente de esos palacios como representantes del Imperio.

lunes

ruiseñor


La avecilla canora que llamamos ruiseñor es una de las 304 clases de tordos que se han clasificado en el mundo. Era conocida por los latinos como luscinius, cuyo diminutivo era lusciniulus.

Fue a partir de este diminutivo que se formó en la antigua lengua provenzal (occitana o lengua de Oc, hablada en el sur de Francia) el nombre rossinhol, para llegar al cual la l fue cambiada por r.

Al pasar al castellano, la palabra provenzal fue alterada por el pueblo, que interpretó rossinhol como si fuera Ruy señor (señor Rodrigo).